Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mi mismo.
Temía fracasar, hasta que me di cuenta que únicamente fracaso si no lo
intento. Temía lo que la gente opinara de mí, hasta que me di cuenta de
que de todos modos opinarían de mi. Temía que me rechazaran, hasta que
entendí que debía tener fe en mi mismo.
Temía al dolor, hasta que aprendí que éste es necesario para crecer.
Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras.
Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, sino más bien el comienzo.
Temía al odio, hasta que me di cuenta que no es otra cosa más que ignorancia.
Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mi mismo.
Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día.
Temía al pasado, hasta que comprendí que no podía herirme más.
Temía a la oscuridad, hasta que vi la belleza de la luz de una estrella.
Temía al cambio, hasta que vi que aún, la mariposa más hermosa necesitaba pasar por una metamorfosis antes de volar.
Hagamos que nuestras vidas cada día tengan mas vida y si nos sentimos
desfallecer no olvidemos que al final siempre hay algo más.
PAGINA CREADA POR VICENTE RAMÍREZ ASANZA, PROFESOR DE MATEMÁTICA DEL COLEGIO DE BACHILLERATO ¨LEOVIGILDO LOAYZA" DE LA CIUDAD DE PIÑAS PROVINCIA DE EL ORO
domingo, 12 de octubre de 2014
HISTORIA CHINA: EL AMOR Y LA HONESTIDAD
Se cuenta que allá para el año 250
a.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país
estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía
casarse.
Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.
Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.
Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:
- ¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura. Y la hija respondió:
- No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz."
Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones.
Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:
- Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China.
La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean costumbres, amistades, relaciones, etc.
El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.
Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.
Por fín, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas, sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.
En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores.
Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado.
Aquella bella joven - la del vaso vacío - sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.
Entonces, con calma el príncipe explicó:
- Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles.
Si para vencer, estuviera en juego tu Honestidad, entonces pierde. Así, serás siempre un Vencedor.
Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.
Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.
Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:
- ¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura. Y la hija respondió:
- No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz."
Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones.
Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:
- Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China.
La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean costumbres, amistades, relaciones, etc.
El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.
Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.
Por fín, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas, sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.
En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores.
Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado.
Aquella bella joven - la del vaso vacío - sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.
Entonces, con calma el príncipe explicó:
- Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles.
Si para vencer, estuviera en juego tu Honestidad, entonces pierde. Así, serás siempre un Vencedor.
viernes, 11 de abril de 2014
miércoles, 9 de abril de 2014
102.247 DOCENTES PODRÁN SOLICITAR SU RECATEGORIZACIÓN
El docente ecuatoriano ahora tiene más
facilidades para ascender de categoría en el Magisterio Nacional. El
ministro de Educación, Augusto Espinosa, explicó hoy, en rueda de
prensa, que el maestro tiene dos maneras de ubicarse en una categoría
superior del escalafón.
La primera es el ascenso ordinario,
el cual se lo lleva a cabo cada cuatro años y con el cumplimiento de
los requisitos de ascenso para cada categoría, estipulados en el
Reglamento General a la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI).
La segunda es la recategorización,
la cual se realiza mediante una solicitud que debe ser remitida al
Ministerio de Educación (MinEduc). La recategorización la podrá hacer
una sola vez durante la carrera docente.
Los 102.247 docentes con nombramiento
que forman parte del Magisterio Nacional podrán enviar el requerimiento
para la recategorización desde el 5 de mayo hasta el 13 de junio del
presente año. Para ello, deberán ingresar o actualizar sus datos en el
Sistema Informático del MinEduc (SIME).
El titular de esta cartera de Estado
explicó los requisitos que los docentes deberán tomar en cuenta antes de
solicitar su recategorización:
1.- Tiempo de servicio: Se considerará el cargo de Docente o Directivo dentro del sector público, fiscomisional o particular.
2.- Desarrollo profesional: Durante los últimos cuatro años el docente debe acreditar una de estas tres opciones:
- 330 horas de cursos de formación continua o posgrado certificados por Instituciones de Educación Superior (IES) en Psicopedagogía, Ciencias de la Educación o áreas disciplinares afines al área de desempeño.
- Publicaciones en revistas indexadas
- Desarrollo de proyectos de innovación pedagógica
3.- Títulos académicos: Títulos
profesionales emitidos por IES nacionales o extranjeras reconocidos por
la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e
Innovación (Senescyt). A partir de la categoría D, el Reglamento a la
LOEI exige que los títulos de posgrado sean relacionados a educación.
4.- Evaluación del desempeño: Evaluaciones
oficiales realizadas por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa
(Ineval). Si no han sido evaluados por esta entidad, se utilizará la
evaluación inmediata anterior.
“Iniciamos un proceso serio de
recategorización. Con estas acciones garantizamos que, en enero del
2015, todos los docentes que hagan su solicitud de recategorización (y
en esa solicitud cumpla con los requisitos establecidos), sean ubicados
en categorías superiores. Esto es parte de la consolidación de nuestra
planta docente”, afirmó Espinosa.
Una vez analizados y validados los
requisitos, el MinEduc remitirá la lista de docentes que podrán ascender
en el escalafón desde el 16 de junio hasta el 30 de septiembre del
presente año.
Por otra parte, el ministro señaló que,
en la actualidad, el docente ecuatoriano tiene el salario más alto de
inicio de carrera, ya que quien ingresa con título de licenciatura a la
categoría G percibe un sueldo de 817 dólares. “La remuneración de los
docentes cuando ingresan al Magisterio es, probablemente, una de las más
altas en el país”.
Para este proceso de recategorización,
que forma parte de la transformación educativa, el Estado invertirá un
total de 105 millones de dólares.
sábado, 8 de marzo de 2014
PARA TI MUJER
¿Qué hay de malo, en querer cuidar a una mujer, si ella te cuida a
ti? Las mujeres tienen fuerzas y capacidades que asombran a los hombres.
Ellas, se encargan de los niños, pueden sobrellevar penas y situaciones muy “pesadas”, sin embargo tienen espacio para la felicidad, el amor y la alegría.
Ellas sonríen cuando quieren gritar, cantan cuando quieren llorar, lloran cuando están contentas y ríen cuando están nerviosas. Pero al mismo tiempo que tienen toda esa fortaleza interior, son capaces de esperar impacientes una llamada de teléfono de su esposo o de sus hijos, sólo para oír sus voces y saber que llegaron sanos.
Las mujeres tienen cualidades especiales, por eso siempre se ofrecen para buenas causas. Son voluntarias en hospitales, llevan comida a los necesitados, trabajan como niñeras, amas de casa, abogadas y solucionan problemas entre niños y vecinos. Además se adaptan a lo que sea necesario, por eso usan trajes, vaqueros, uniformes y minifaldas.
Las mujeres recorren largos caminos para conseguir la mejor escuela para sus hijos y la mejor atención para la salud de su familia.
Ellas no aceptan un "no" como respuesta cuando están convencidas que hay una solución. Saben perdonar.
Son extremadamente sensibles e intuitivas y los hombres no acaban de entender por qué ríen o lloran ante un nacimiento o un matrimonio. Sin embargo hay más, esa sensibilidad e intuición también les permite saber que un abrazo, un beso y decir te amo en el momento oportuno, puede sanar un corazón roto.
Una mujer puede lograr que una mañana, una tarde o una noche romántica sean inolvidables. Las mujeres vienen en todos los tamaños, colores y formas; viven en casas, palacios o cabañas. Ellas corren, caminan, pueden usar un automóvil tanto como una computadora.
Las mujeres tienen mucho qué decir y mucho para dar. El corazón de las mujeres hace girar el mundo. Y a cambio, todo lo que ellas esperan es un abrazo, un beso o una caricia.
El amor que ella entrega apasionada e inocentemente al hombre a quien ama, es el mismo que le impulsa a cuidar a su amado cuando está enfermo o simplemente prepararle una taza de té en las frías noches de invierno.
La belleza de una mujer no está en la ropa que lleva, en su figura o en la forma en que se peina. Si quieres descubrirla, tendrás que mirarla a los ojos, que es la puerta de su corazón, donde reside la esencia de su alma. La belleza de una mujer aumenta con el paso de los años.
Comparte este mensaje con tus amigos, para que sepan reconocer una verdadera mujer cuando toque a su puerta y no la dejen ir.
Ellas, se encargan de los niños, pueden sobrellevar penas y situaciones muy “pesadas”, sin embargo tienen espacio para la felicidad, el amor y la alegría.
Ellas sonríen cuando quieren gritar, cantan cuando quieren llorar, lloran cuando están contentas y ríen cuando están nerviosas. Pero al mismo tiempo que tienen toda esa fortaleza interior, son capaces de esperar impacientes una llamada de teléfono de su esposo o de sus hijos, sólo para oír sus voces y saber que llegaron sanos.
Las mujeres tienen cualidades especiales, por eso siempre se ofrecen para buenas causas. Son voluntarias en hospitales, llevan comida a los necesitados, trabajan como niñeras, amas de casa, abogadas y solucionan problemas entre niños y vecinos. Además se adaptan a lo que sea necesario, por eso usan trajes, vaqueros, uniformes y minifaldas.
Las mujeres recorren largos caminos para conseguir la mejor escuela para sus hijos y la mejor atención para la salud de su familia.
Ellas no aceptan un "no" como respuesta cuando están convencidas que hay una solución. Saben perdonar.
Son extremadamente sensibles e intuitivas y los hombres no acaban de entender por qué ríen o lloran ante un nacimiento o un matrimonio. Sin embargo hay más, esa sensibilidad e intuición también les permite saber que un abrazo, un beso y decir te amo en el momento oportuno, puede sanar un corazón roto.
Una mujer puede lograr que una mañana, una tarde o una noche romántica sean inolvidables. Las mujeres vienen en todos los tamaños, colores y formas; viven en casas, palacios o cabañas. Ellas corren, caminan, pueden usar un automóvil tanto como una computadora.
Las mujeres tienen mucho qué decir y mucho para dar. El corazón de las mujeres hace girar el mundo. Y a cambio, todo lo que ellas esperan es un abrazo, un beso o una caricia.
El amor que ella entrega apasionada e inocentemente al hombre a quien ama, es el mismo que le impulsa a cuidar a su amado cuando está enfermo o simplemente prepararle una taza de té en las frías noches de invierno.
La belleza de una mujer no está en la ropa que lleva, en su figura o en la forma en que se peina. Si quieres descubrirla, tendrás que mirarla a los ojos, que es la puerta de su corazón, donde reside la esencia de su alma. La belleza de una mujer aumenta con el paso de los años.
Comparte este mensaje con tus amigos, para que sepan reconocer una verdadera mujer cuando toque a su puerta y no la dejen ir.
José Luis Prieto
miércoles, 5 de marzo de 2014
BUSCANDO LA EXCELENCIA
La excelencia no tiene
límites de velocidad y para eso se requiere libertad, decisión, voluntad e
inteligencia. La libertad se considera como el centro de la vida humana y al
utilizarla adecuadamente equivale a perfeccionar tu calidad de vida.
Un ser humano excelente
es aquel que influye en los demás y que busca siempre el bien para él y para
los que le rodean. La excelencia es saber amar, saber ser amado y ver siempre
las cualidades de las otras personas, buscando constantemente su bienestar. La
excelencia es saber servir y apoyar con placer a los demás, porque entre todos
se puede encontrar una mejor forma de hacer las cosas.
Cuando una persona es
excelente quiere decir que es un privilegiado como ser humano porque está en
desarrollo constante. Ser excelente es saber comunicar paz a los demás,
aprovechar puntos de oportunidad y transformar dificultades en acciones
positivas, pero no hacer por otros lo que estos pueden hacer por sí mismos. Un
ser excelente sabe proteger sin asfixiar, sabe guiar sin imponer, sabe motivar
a los que están a su cargo para que también puedan desarrollarse.
La excelencia es saber
construirse sólidamente como ser humano, con piezas de calidad como los buenos
principios y los valores. El hombre y la mujer que viven con excelencia
poseen, entre otras cosas, las siguientes características: Intuición y alegría,
claridad en sus propósitos, originalidad, responsabilidad y libertad. Un ser
humano excelente construye a otros, soporta el rechazo, no se frustra, mejor
aún, le da sentido a la vida, es equilibrado en su pasión y responde con la
razón.
La excelencia es abundancia.
La persona
excelente sabe reír y disfrutar de las cosas bellas que abundan en la vida. Por
ser intuitivo, sabe relacionar grandes realidades, tiene una visión amplia y
adelantada acerca del futuro. El ser excelente es inventor y creativo, pero
sobre todo, promueve el surgimiento de grandes hombres, de nuevos valores y de
cambios históricos.
La excelencia personal para sobresalir.
La excelencia
personal se define como una manera de vivir, una actitud mental y un
pensamiento inclinado a solucionar cualquier problema, la excelencia se refiere
a ser cada vez mejor. En otras palabras se puede definir como la manera en que
el individuo desarrolla gran parte de su potencial, sin perder tiempo en buscar
excusas o razones para demostrar que algo no se puede hacer.
El único camino
para lograr convertir nuestra riqueza potencial en real es precisamente a
través del trabajo intenso y de calidad. Todo individuo que tome conciencia de
lo que es, siente, piensa, hace, desea y dice, está en un darse cuenta de sí
mismo, y de lo que le rodea, lo que importa es el ser y no el deber ser, esto
involucra el auto concepto y el autoestima.
Haciendo hincapié
en estos últimos por creer que son los que convierten a una persona normal en
excelente:
- Con criterios propios para buscar la verdad,
asumirla y no ser manipulados por otros
- Con voluntad firme para alcanzar lo que se
propone.
- Con optimismo para afrontar las dificultades.
- Con deseo de
superación personal
- Con respeto al
pluralismo para ser íntegros
- Con autoestima
para creer en si mismo
- Con actitud
positiva hacia lo que les rodea
- Con valores
humanos justicia, solidaridad
- Con capacidad
crítica hacia lo que la sociedad les ofrece
El autoestima positiva es la base de la excelencia.
Un autoestima
positiva es el ingrediente base para que un ser humano pueda llegar a ser
excelente. Dos características importantes del autoestima positiva son la
dignidad y la capacidad de hacer las cosas de la mejor manera.
Los seres humanos
excelentes poseen muchas características valiosas, pero el autoestima es un
elemento característico de los que son excelentes. Puede pensarse que las
personas excelentes son seres superiores, pero en realidad no es así, lo que
pasa es que poseen un autoestima elevada, se sienten muy seguros de si mismos y
capaces de concretar lo que tienen en mente.
La excelencia
se construye
En la vida todo es
posible y naturalmente alcanzar la excelencia no es una excepción. ¿Piensas que
las personas excelentes nacieron así?, por su puesto que no, la excelencia se
construye sobre la base de un mejoramiento personal continuo. Parte de sus
ingredientes son:
La autoestima
positiva, la responsabilidad, cambiar un bien por un bien mejor, sólidos valores
personales, pensar a largo plazo, actitud positiva, la ética, la ambición (que
no es igual a la codicia), buscar siempre ser mejores cada día y compartir
nuestro conocimiento con los demás.
Pretender siempre
algo más de lo que tenemos o de lo que somos, querer e intentar ser mejor cada
día, es tener espíritu de superación permanente, es el camino hacia la
excelencia. Pero lo más importante para lograrlo, es darnos cuenta de lo
que somos y poseemos, valorarnos como hace mucho tiempo no lo hacemos, y decidirnos
al cambio, a trabajar juntos, motivados por un espíritu de superación
constante, para alcanzar la grandeza de nuestro país y el bienestar de todos,
sin excepción.
Estimados Alumnos
y Alumnas Leovildenses, el momento para que comiencen a ser excelentes es ahora
y no después, es cuestión de tomar una decisión para cambiar definitivamente
los viejos pensamientos e iniciar una carrera hacia la excelencia.
Nosotros como seres humanos hacemos realidad
las circunstancias negativas o positivas, como reza el dicho popular:
"cada quien tiene lo que se merece".
Si no estás de
acuerdo con tu mundo actual, tu estudio, tu trabajo o tu círculo de amigos, ¡no
te preocupes!, ponte en acción, cambia tu y ya verás que tu mundo comenzará a cambiar. Y recuerda siempre “Todo
es posible cuando te decides a hacerlo”
martes, 4 de marzo de 2014
UN CUENTO PARA REFLEXIONAR SOBRE LA EDUCACIÓN
UN NIÑO.
Erase una vez un niño que acudía por primera vez a la escuela. El niño era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.
Una mañana, estando el pequeño en la escuela, su maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.
Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. ¡Qué bueno! - pensó el niño, - me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.
Pero la maestra dijo: - Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.
Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer algo con barro. ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.
Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar un plato. ¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.
Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar. El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.
Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.
Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.
Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo: ¿No quieres empezar tu dibujo? Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer? No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra. ¿Y cómo lo hago? - preguntó. Como tú quieras contestó. ¿Y de cualquier color? De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo? Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.”
Helen Buckley
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